sábado, 19 de mayo de 2012
La Eternidad Dura Lo Necesario.
El error único (hubo muchos más, pero cómo decirlo) de su amistad fue pensar que duraría para siempre. O quizás no. Se hicieron tan íntimos que dormir en la misma cama o abrazarse en noches de frío eran sucesos comunes. A pesar del irreversible prejuicio de que dos amigos deben ser machos o no ser. Era eso, entonces. No se parecían en nada a lo que sus padres (los unos y los otros) esperaban de ustedes: una amistad de machos, con momentos emotivos pero machos, carajo. Desde ahí la cosa pintaba mal, porque les encantaba retar a los demás. Les seducía chuchichearse al oído para enojar al personal. Les deleitaba provocar a las mujeres con las miradas pero desairarlas abrazándose ustedes dos y riendo el uno para el otro, tontamente, porque lo que valen son los hechos y no las apariencias. Estaban dispuestos a morir el otro por el uno y viceversa. Tanto que los dos se habían prometido un martes muy entrada la madrugada (o muy prematura mañana, cada uno interprete como guste) que si tocaba enamorarse la chica se jodía porque la amistad por sobre todas las cosas. Qué soberbios. Y sin embargo aquella noche en que ella se convirtió en Ella, el uno se juró a sí mismo que si la felicidad del otro tenía que ser sin él, estaba dispuesto al peor de los castigos entre dos incondicionales camaradas de las peores épocas y las buena también: la sustitución paulatina pero rápida de ir a pasear a Juárez con él, a tener que ir al cine (película rosa, final previsible, abrazos incomodos: cuándo caíste tan bajo) con la señorita porque llega un momento en la vida en que la otra respira por uno y uno se vuelve espeluznantemente frágil cuando se trata de verla respirar. Y entonces el error único. Y entonces las tardes abandonadas. Los sábados apáticos esperando que el otro le llame al uno para que se rían un rato en la barra del Old Navy. Pero nada. Él y ella para toda la vida (como antes ustedes dos, que ironía, piensa el uno) y pronto la invitación a las nupcias. Pronto el primer niño que te llama tío cada tercer domingo de cada segundo mes, que es cuando se ven, ustedes que no podían dormir si el otro no estaba ahí para contar las últimas noticias del Club Náutico. Pronto un nuevo hogar en las afueras de la ciudad y pronto el nuevo teléfono que ya no lo sabes porque la esposa piensa que eres una mala influencia con tu progresía republicana que tanto enamoró con amor de amigos al otro que no sabe decirle no a la que manda en casa. Y pronto la vida te trae aquí, donde lo único que dura para siempre es el sueño de que algo puede durar para siempre.
miércoles, 2 de mayo de 2012
Visión sobre la moral sartreana.
Mientras Jean Paul Sartre aplica la noción de subjetividad en la moral de los hombres, es decir, nadie puede juzgar a priori lo que hay que hacer frente a un hecho determinado, me planteo: ¿Cómo hacer para que esta libertad moral no se entienda como libertinaje?
Si bien nunca habrá, ni podrá haber una ley determinada que ampare todos los casos posibles de una elección, esta libertad moral podría recaer en permitirle al hombre realizar lo que el quisiese, sin importar las consecuencias, ya que por su condición de libertad, es un hombre-elección. Frente a esta elección, el hombre debe preguntarse -así me lo supongo yo, no significa que sea cierto-:¿Y si todo los hombres-entorno actuaran como yo estoy actuando? Se elige individualmente pero frente a los otros, como seres-sociales, toda elección es responsabilidad frente a la humanidad, es decir, si una determinada elección conllevara a un acto que va en contra de la condición humana del ser-otro, debe ser reprobado, juzgado.
¿Cómo saber que algo es bueno o malo? Si la naturaleza no tiene sentido, simplemente es, y es el hombre que con su lenguaje le da la connotación de lo bueno o lo malo, de lo bello o lo feo? Concibo en mi pensamiento, lo malo como todo aquello que no-es, o que atente contra la condición humana del ser, es decir que esté en contra de la vida. (Lo que no se puede tomar como verdad absoluta, porque como ya lo he dicho, no hay moral categórica que ampare los posibles casos)
Si para un revolucionario, tomemos el caso de los fedayines, atacar a un cúmulo de hombres es bueno, o no está moralmente mal visto, ¿cómo hacer para juzgarlo si la moral es una decisión y elección individual? Se debe juzgar, porque aunque sea una elección individual, por su condición de ser-libre, esa elección debe ser frente a los otros, por los otros y no en-contra-de-los-otros.
Si bien la naturaleza humana no tiene connotación de bueno o malo (es más, no se debe hablar de naturaleza humana, sino de condiciones humanas con limitaciones históricas), esto no debe de ser excusa para aceptar todas las acciones y elecciones posibles del hombre como moralmente bien vistas, el hombre debe responsabilizarse de sus actos, pero de sus actos frente a la humanidad.
RICARDO MADRID BUILES
RICARDO MADRID BUILES
martes, 1 de mayo de 2012
“Os dejo con la imprenta: la redención, libertad triunfante” [1]
Tras la
caída del Imperio Romano de Occidente en el año 476, Europa entró en un
letargo, en un vacío intelectual lamentable desde todo punto de vista. A esta
época se le llamó Oscurantismo, un
eufemismo para tan magno acontecimiento, el mayor retroceso en la historia de
la humanidad.
Lo
logrado en la Grecia Clásica se vio truncado por aquellos monjes maniqueístas,
que basados en su ideología teocéntrica extrema, optaron por esconder e impedir
la difusión del conocimiento porque, según ellos, la gran mayoría de textos atentaban
contra la religión que ellos profesaban, pero los únicos que atentaban contra
algo eran ellos mismos, contra la libertad de pensamiento y expresión, acto que
trajo como consecuencia una oscuridad
palpable en la mente humana.
Fue así
como la Iglesia adquirió un poder total,
una autoridad que trascendió el ámbito religioso para imponerse
–lastimosamente- en lo político e intelectual.
Esa misma Iglesia que exponía en su discurso moral una igualdad para
todos, fue la misma que restringió absolutamente el conocimiento,
convirtiéndolo en un placer para unos pocos, con el único objetivo de impedir que
la sociedad pudiera ser crítica frente a la realidad que estaban viviendo,
porque así su poder se podía ver afectado en algún momento. Es decir, la
Iglesia tenía miedo de que la humanidad pensara, para ello la aislaron, y la
convirtieron en rehenes de su verdad, de su verdad irrefutable.
¿Dónde
quedó Platón, dónde quedó Aristóteles, dónde quedó Heráclito? Todos estos
hombres que hicieron de la Edad Antigua un río infinito de conocimiento,
divulgado para todos, quedaron enterrados y quemados, quizás en la misma
hoguera en la que murieron muchos de los valientes hombres que se emanciparon
del régimen religioso y decidieron pensar diferente, críticos ante los dogmas
impuestos por la Iglesia, aunque los nombraran herejes. Si ser disconformes con
las desigualdades de la sociedad significa ser hereje, yo me autoproclamo uno
de ellos, aunque en la actualidad no haya hoguera para aquellos que se atreven
a pensar diferente a la sociedad, hay olvido y marginación, algo muy similar.
La
heterodoxia era un sueño en esa época, pero hubo muchos hombres que se
atrevieron a soñar con la libertad en el pensar y en el actuar, hombres que se dieron cuenta que cuando la
religión tenía el poder absoluto de la sociedad, no significaba un mundo mejor,
significaba un mundo acrítico y en permanente retroceso. Uno de ellos fue
Johannes Gutenberg, el creador de la imprenta, y quizás uno de los pilares
fundamentales del denominando Renacimiento.
A
mediados del siglo XV este herrero alemán, con su imprenta de tipos móviles,
aunque la primera impresión haya sido la biblia de Gutenberg, permitió la
circulación de toda clase de conocimiento con mayor rapidez, lo que trajo
consigo una expansión intelectual mayor. Se pasó de una mentalidad dogmática
irrefutable establecida por la Iglesia a una mentalidad tolerante y de diversos
pensamientos, aflorando el renacer de lia mente humana, y convirtiendo el teocentrismo
en un antropocentrismo dirigido hacia la pluralidad de pensamientos, no hacia
la mutilación de ideas. Se dio un adiós al Oscurantismo y un paso hacia el
Renacimiento en gran medida por este grandioso invento. ¡Gracias imprenta!
[1]: Expresión tomada de un verso del poeta D. Sampel.
miércoles, 25 de abril de 2012
domingo, 18 de marzo de 2012
La imperfección

Si concebimos la noción de imperfección como el ser y la perfección como el no-ser, ¿por qué nuestras vidas se preocupan tanto por lo que no es y olvida lo que se es?
El mundo está plagado de ideales, y de paradigmas que están más cerca de
lo inverosímil que de lo palpable, de lo concreto. La perfección con la que
tanto se sueña, imposible de alcanzar por cierto, nos lleva a tal punto que
vivimos en unos sueños que están hechos de los mismos materiales que nuestras
pesadillas.
¿Por qué no basar nuestra vida desde la imperfección del ser? La noción
de imperfección del ser, hace perfectible al ser, porque se lucha por lo que se
quiere ser, dejando al ser-en-sí aislado, convirtiéndonos en un ser-para-sí,
conscientes de nosotros mismos, de nuestro mundo.
Existe una gran diferencia entre el deber-ser y el querer-ser, el
primero trae como consecuencia actos, hechos que validen ese deseo de algo, es
decir, es el hombre quien lucha por sus ideales partiendo desde la base que
nunca su ideal satisfará su noción de ideal, porque el hecho se apoya en la
imperfección, es imperfección.
El segundo, por el contrario, se queda en el deseo narcisista de merecer algo, de querer poseer algo, sin actos, solo con ideas, mientras la vida del hombre se concibe como un cumulo de actos, no de deseos inalcanzables.
¿Por qué no basar nuestra concepción de "amor" desde la imperfección del ser? Es la concepción de amor, la que mata el amor. Todo ser que desea y/o ama a una persona, desea que su persona sea lo que él quiere de ella, es decir un ideal-de-persona, obviando a la persona, matándola, dejando como estandarte el no-ser por encima del ser.
El paradigma de amor de cada persona tiene connotaciones perfectas,
mientras se desea a un ser perfecto como pareja, el ser imperfecto llena ese vacío
llamado "amor", generando insatisfacción, generando disgustos, porque se aspira a que llegue una persona que ocupe el lugar del paradigma, de nuestro paradigma, algo que nunca sucederá, por una sencilla razón, el paradigma insinúa no-imperfección, y la persona es una mezcla de imperfecciones constantes.
Una frase de la grandiosa película El séptimo sello de Ingmar Bergman explica estupendamente lo dicho: "Si todo es imperfecto en este mundo imperfecto, el amor es lo más perfecto de todo, precisamente por su perfecta imperfección."
Muchas veces se basa la existencia aplazando la existencia, esperando a algo que puede suceder, pero que no hacemos nada porque suceda. Recordemos que el futuro es consecuencia del pasado (Historicismo hegeliano), y de nosotros depende si estos ideales se quedan en simples juramentos infantiles o se convierten en los primeros presagios de un destino, pero un destino labrado por las acciones.
El mundo está plagado de ideales, y de paradigmas que están más cerca de
lo inverosímil que de lo palpable, de lo concreto. La perfección con la que
tanto se sueña, imposible de alcanzar por cierto, nos lleva a tal punto que
vivimos en unos sueños que están hechos de los mismos materiales que nuestras
pesadillas.
¿Por qué no basar nuestra vida desde la imperfección del ser? La noción
de imperfección del ser, hace perfectible al ser, porque se lucha por lo que se
quiere ser, dejando al ser-en-sí aislado, convirtiéndonos en un ser-para-sí,
conscientes de nosotros mismos, de nuestro mundo.
Existe una gran diferencia entre el deber-ser y el querer-ser, el
primero trae como consecuencia actos, hechos que validen ese deseo de algo, es
decir, es el hombre quien lucha por sus ideales partiendo desde la base que
nunca su ideal satisfará su noción de ideal, porque el hecho se apoya en la
imperfección, es imperfección.
El segundo, por el contrario, se queda en el deseo narcisista de merecer algo, de querer poseer algo, sin actos, solo con ideas, mientras la vida del hombre se concibe como un cumulo de actos, no de deseos inalcanzables.
¿Por qué no basar nuestra concepción de "amor"
El paradigma de amor de cada persona tiene connotaciones perfectas,
mientras se desea a un ser perfecto como pareja, el ser imperfecto llena ese vacío
llamado "amor"
Una frase de la grandiosa película El séptimo sello de Ingmar Bergman explica estupendamente lo dicho: "Si todo es imperfecto en este mundo imperfecto, el amor es lo más perfecto de todo, precisamente por su perfecta imperfección."
Muchas veces se basa la existencia aplazando la existencia, esperando a algo que puede suceder, pero que no hacemos nada porque suceda. Recordemos que el futuro es consecuencia del pasado (Historicismo hegeliano), y de nosotros depende si estos ideales se quedan en simples juramentos infantiles o se convierten en los primeros presagios de un destino, pero un destino labrado por las acciones.
Se pensará que es una concepción un poco pesimista de la vida, pero es todo lo contrario, es una visión de legitimar la existencia de cada ser. Séneca decía: "Si no deseo nada ni espero nada, no sufriré ninguna decepción"; Tan loco no estaba y en cierta parte estoy de acuerdo con este gran filósofo estoicista, pero no se puede generelizar esa frase, con la educación y la política se debe exigir algo, se debe esperar algo, aunque más que esperar, se debe luchar por una mejoría diaria en pro del bienestar de la humanidad.
En muchas ocasiones se sueña más de lo que se vive, se quiere convertir lo imperfecto en perfecto y lo irreal en real, obviando que somos seres basados en límites, creyendo que el otro es un objeto de nuestro mundo, es un deber-ser-perfecto (no-ser), pero nosotros solo somos y seremos un conjunto de imperfecciones en busca de mejoría y bienestar, pero siempre basándonos en actos, no en ideales. La vida es vivir existiendo, no vivir idealizando.
Es ese mismo deseo por la perfección lo que nos lleva a la angustia, a la desesperación, a la nada... y la única manera de combatir eso es viviendo. La gran muestra que somos seres imperfectos es la muerte, el único fenómeno con la capacidad de ser y no-ser al mismo tiempo.
"Solo se vive una vez, y solo una vez se muere. La existencia es un gran acontecimiento" Los nadaístas
Ricardo Madrid Builes
@ricardomadbui
jueves, 9 de febrero de 2012
Memorias de la Distancia
"Tengo un pacto de amor
con la hermosura.
Tengo un pacto de sangre
con mi pueblo."
con la hermosura.
Tengo un pacto de sangre
con mi pueblo."
Pablo Neruda. Poeta Chileno.
>Todo cambió totalmente el día de su cumpleaños. Fue 27 de noviembre. El año no importa ya. Lo acostumbrado en el tipo de días especiales como esos, era compartir en una pequeña reunión con los familiares más cercanos, una merienda, en el patio amplio, luminoso y lleno de árboles de su casa, con una copa de vino y el pastel que indica la tradición. Eran tiempos complicados en el país y se notó a la hora de los rituales comunes. Nunca tuvo una familia con capacidades monetarias importantes, pero siempre llegaban hasta la mesa principal que sacaban al jardín, alguna pulsera chapada, un par de camisones de dormir, un edredón de colores vivos y cosas por el estilo. Ese año fue todo más parco, menos alegre, más tenue que nunca. Ya en el ambiente se sentía la tensión. Nadie decía nada, pero él no era un niño y su adolescencia estaba casi convertida en adultez, en la facultad se escuchaban cosas y se leían ciertas consignas en los pizarrones antes de que el profesor las borrara, rápido y sigiloso, hipócrita, como si no pasara nada. En aquella ocasión los únicos regalos que recibió fueron abrazos demasiado sinceros, como si invitaran a una despedida que no se entendía. El entorno era de cambios bruscos, pero ese dejo de separación que sentía en cada "felíz cumpleaños" le descolocaba los pensamientos de por sí revueltos. No cantaron como en otros años y no brindaron como en otros festejos. Fue todo muy rápido y antes de que el sol se pusiera y los últimos primos dijeran adiós, su tío, (hermano de su padre, casi un desconocido, uno de esos cercanos parientes que no se conocen porque la apatía es más grande, qué errores juveniles) un tipo alto, medio calvo, siempre de saco, con su sonrisa tan joven, tan esperanzada, como si estos tiempos sirvieran para alimentarlas, le entregó un sobre amarillo, donde venía un libro cuyo título no pudo leer en el momento. Antes de siquiera intentar sacar el contenido del sobre, le dijo que era mejor que lo hiciera en privado. Que se trataba de una cosa demasiado importante como para hacerlo enfrente de su madre.
Cuando se fueron todos, y cuando su progenitora clausuró la puerta de su estancia, como lo hacía todas las tardes desde que su padre había muerto, sació curiosidades. Desprendió el libro de la opaca cubierta de plástico rápidamente y pudo leer el título, que lo dejó un tanto confuso, la "Invitación al nixonicidio y alabanza de la Revolución Chilena", de un tal Neftalí Reyes, Premio Nobel 1971, aquel poeta que siempre ayudaba a conquistar a las muchachas más románticas de la Facultad. Un libro que desconocía del todo.
Cuando se fueron todos, y cuando su progenitora clausuró la puerta de su estancia, como lo hacía todas las tardes desde que su padre había muerto, sació curiosidades. Desprendió el libro de la opaca cubierta de plástico rápidamente y pudo leer el título, que lo dejó un tanto confuso, la "Invitación al nixonicidio y alabanza de la Revolución Chilena", de un tal Neftalí Reyes, Premio Nobel 1971, aquel poeta que siempre ayudaba a conquistar a las muchachas más románticas de la Facultad. Un libro que desconocía del todo.
Mucho tiempo después supo quién había sido Nixon, y cómo se sucitaron los acontecimientos en La Moneda, pero en ese momento fue el cambio de todas las formas de interpretar la vida, su vida, la de todos. Abrir los ojos a la realidad de su país, nuestro continente. La explicación de por qué tantos susurros, tantos miedos, tantos insomnios, tantas inseguridades, tantas desconfianzas, tantos planes y tantos sueños, aquel año que un libro le cambió la vida, le hizo vivirla entera, dura y pura.
Y ahora sí, ser participe de las causas, repartir hojas clandestinas (hechas en mimeógrafo) a personas a las cuales no debía ver a la cara, olvidar direcciones y puntos de encuentro. Pensar, pensar, pensar. Abrirse al verdadero momento de su patria, de su gente. Entender por qué había que ocultarse, por qué todas las noches uno tenía que quedarse a hacer guardia. Sentir el frío calando los huesos si un cana volteaba a verlo, si Alberto no llegaba y los nervios de que lo hayan agarrado. La explicación de por qué el temor a salir de casa aunque esta vez sea solo para ir al nuevo cine con Fernanda. Hacerse el fuerte, aguantar la bronca por no poder defender a los suyos como quisiera, cuando te contaron que lo habían matado a patadas a Villegas, el nene que alternaba contigo las noches de vigilia cuando ya estaba todo por estallar, cuando el cielo marcaba la hora de la verdad, no la de uno ni la de algunos, la de un país, la de un continente al que siempre le costó, al que no se la hicieron fácil. Entender con la poesía que el sentido de momento histórico era en ese lugar y tiempo, obligatorio. Que habían cosas que tenía que hacer, aunque fueran las imposibles, aunque costaran la vida, aunque la derrota estuviera marcada como único destino. Entender que esa derrota asignada tenía que ser combatida, que no servía de nada aparentar, ni hacerse el ciego ante lo que pasaba.
Y ahora sí, ser participe de las causas, repartir hojas clandestinas (hechas en mimeógrafo) a personas a las cuales no debía ver a la cara, olvidar direcciones y puntos de encuentro. Pensar, pensar, pensar. Abrirse al verdadero momento de su patria, de su gente. Entender por qué había que ocultarse, por qué todas las noches uno tenía que quedarse a hacer guardia. Sentir el frío calando los huesos si un cana volteaba a verlo, si Alberto no llegaba y los nervios de que lo hayan agarrado. La explicación de por qué el temor a salir de casa aunque esta vez sea solo para ir al nuevo cine con Fernanda. Hacerse el fuerte, aguantar la bronca por no poder defender a los suyos como quisiera, cuando te contaron que lo habían matado a patadas a Villegas, el nene que alternaba contigo las noches de vigilia cuando ya estaba todo por estallar, cuando el cielo marcaba la hora de la verdad, no la de uno ni la de algunos, la de un país, la de un continente al que siempre le costó, al que no se la hicieron fácil. Entender con la poesía que el sentido de momento histórico era en ese lugar y tiempo, obligatorio. Que habían cosas que tenía que hacer, aunque fueran las imposibles, aunque costaran la vida, aunque la derrota estuviera marcada como único destino. Entender que esa derrota asignada tenía que ser combatida, que no servía de nada aparentar, ni hacerse el ciego ante lo que pasaba.
Convencerse que la literatura debía y debe comprometerse, debe escoger su camino, debe afirmarse de su lado del río. Aunque siempre le hubieran enseñado que no debe tomar partido, que debe ser ajena, que debe mantenerse al margen. Ese año y el siguiente, y cada uno después de aquel, entendió que muchas cosas que le dijeron habían sido viles mentiras, pósters falsos de prosperidad inventada.
Su vida cambió el día de aquel cumpleaños. La vida le dolió, se partió en dos (en cuatro, en mil) cuando lo escondían en el porta-equipajes de aquel Ford en el que fue llevado a la frontera más cercana, donde lo soltaron los compañeros de meses de resistencia, la última frase, un adiós disimulado por la tristeza, rabia, impotencia de no poder quedarse con ellos, hombro a hombro, a lo que viniera.
Un libro de poesía que provocó tantas cosas en una persona totalmente ajena a su contexto político y social. Un libro que pudo romper todas las barreras. Las convicciones e ideales que ayudan a su país, aún tomado, aún amordazado, a seguir intentándolo.
A jugarse todo aunque ya les hayan contado el final. Los que hacen todo lo que pueden "desde afuera" para contar la verdad de la dictadura, los que siguen desde adentro aunque estén lejos, los que aprendieron que Libertad es una palabra viable, válida y justa, los que leen libros de poesía, los que aún tantos años después sueñan con volver a la misma plaza donde alguna vez cantaron, se emocionaron, donde alguna vez también se enamoraron. Los que siguen pensando que hay ciertas cosas que uno no puede dejar de hacer cuando se trata de momento histórico y de pactos de sangre y amor, de hermosura y revolución.
Su vida cambió el día de aquel cumpleaños. La vida le dolió, se partió en dos (en cuatro, en mil) cuando lo escondían en el porta-equipajes de aquel Ford en el que fue llevado a la frontera más cercana, donde lo soltaron los compañeros de meses de resistencia, la última frase, un adiós disimulado por la tristeza, rabia, impotencia de no poder quedarse con ellos, hombro a hombro, a lo que viniera.
Un libro de poesía que provocó tantas cosas en una persona totalmente ajena a su contexto político y social. Un libro que pudo romper todas las barreras. Las convicciones e ideales que ayudan a su país, aún tomado, aún amordazado, a seguir intentándolo.
A jugarse todo aunque ya les hayan contado el final. Los que hacen todo lo que pueden "desde afuera" para contar la verdad de la dictadura, los que siguen desde adentro aunque estén lejos, los que aprendieron que Libertad es una palabra viable, válida y justa, los que leen libros de poesía, los que aún tantos años después sueñan con volver a la misma plaza donde alguna vez cantaron, se emocionaron, donde alguna vez también se enamoraron. Los que siguen pensando que hay ciertas cosas que uno no puede dejar de hacer cuando se trata de momento histórico y de pactos de sangre y amor, de hermosura y revolución.
jueves, 2 de febrero de 2012
La gran batalla

Recuerdo aquel 14 de julio de 1982, ese fue el día del regreso a mi país, a mi pueblo, a mi casa, hacía un mes los soldados argentinos habían cedido ante nuestras amenazas y retiraban su ejército de las Falklands, y nosotros los ingleses, nos proclamábamos vencedores de una guerra que no tendría nunca a nadie como triunfador, 255 muertos y 777 heridos, entre los fallecidos se encontraban mis dos hermanos, Phil y Steven, lo que demostró que fue más lo perdido que lo ganado. Ese 14 de julio, el Reino Unido me recibía como un héroe nacional, me proclamaban como un símbolo de la patria, pero, ¿cuál patria? mi patria ya no existe, mi verdadera patria era mi familia y se ha extinguido, ¿qué me importa a mí unos seres que no han hecho nada por mí? Ellos celebraban, mientras yo lloraba; pensaba, mientras sonreía falsamente ante la multitud que fue a recibirme en el aeropuerto Internacional de Manchester.
Paradójicamente el 2 de abril, día en el que emprendimos nuestro viaje a Las Malvinas, en ese mismo aeropuerto, sólo se encontraba mi madre, rezándole no sé a quién, ni para qué; si igual mis hermanos terminarían como terminó mi padre en la segunda guerra mundial en manos de los alemanes, ¿pero qué importa? Fueron muertes dignas, murieron defendiendo a la patria, esa misma patria que nunca sabrá sus nombres.
Margaret Tacher, la primera ministra en ese entonces, y su gobierno nos prometieron un montón de beneficios, no sólo a los soldados que participamos en la guerra, sino también a nuestros familiares, este auxilio era tan real como aquel ser al que mi madre le rezaba, era lógico que no recibiríamos ninguna manutención, mientras ella, gracias a nosotros, obtenía su reelección un año después.
Salí del aeropuerto, una vez se terminó el recibimiento -o mejor dicho el circo-, me marché lo más rápido posible de allí, como mi casa quedaba cerca me fui caminando para aprovechar y ver los cambios de la ciudad en los más de tres meses de mi ausencia, mientras hacía el recorrido, la vi a ella, su belleza eclipsaba cuanto había a su alrededor, la seguí por un buen rato sin que se diera cuenta hasta llegar a su casa, observé en su buzón y decía: Miranda Bonelli, sí, Miranda, que hermoso nombre, pensé; cuando reaccioné, recordé que mi madre me esperaba ansiosa en la casa, así que me devolví lo más rápido que pude, pero con atención para recordar el camino que me llevaba a la casa de la hermosa mujer.
Luego de diez minutos, los cuales me los pasé pensando en Miranda, llegué a mi casa, allí estaba mi madre, sentada en el sofá, esperándome, sólo nos dimos un abrazo frío, desde la muerte de mi padre nos acostumbramos al dolor, a morir viviendo, a vivir sobreviviendo, quizá como Baudelaire se acostumbró a vivir solo, nosotros nos habituamos a la tristeza permanente y más ahora, con la muerte de Steven y Phil, pero a diferencia de antes, ahora yo si tenía una razón para vivir, y era ella, esa hermosa chica.
Al día siguiente, como de costumbre, me levanté a las 7:00 de la mañana, tomé un café, me preparé para salir, le di un beso a mi madre y fui a la casa de Bonelli, claro que recordaba el camino, si toda la noche pensé en ella. Llegué, la esperé afuera y luego de dos horas salió para ir a su trabajo, me escondí para que no se alertara de que alguien la observaba; al verla me enteré del verdadero significado de felicidad, no esa impostora de la que hablaban después de derrotar a los argentinos en esa estúpida batalla; este ritual se repitió alrededor de tres semanas.
Después de ese tiempo, me atreví a seguirla hasta su trabajo, el café Cavern, ubicado a 4 cuadras de su casa, me senté en una mesa, la llamé y le pedí que me trajera la carta, el “con gusto” que desprendió de su boca, sonó como si Afrodita me hubiera hablado directamente. Pedí unos bocadillos con un té, platicamos un rato, 2 minutos quizá-los más hermosos de mi vida-, luego la esperé en el restaurante hasta que saliera para su hora de almuerzo, la invité a un restaurante cerca, a lo que ella amablemente me respondió con un si, inesperada respuesta para mí, ya que yo era un soldado y ella la mujer más hermosa del planeta.
Llegamos al restaurante, le pregunté su nombre, como si no lo tuviera clavado en mi mente y en mi corazón, y el motivo de su visita a Inglaterra, porque por su acento se notaba que no era de aquí, ella me respondió que su nombre era Miranda, y que venía desde Argentina por un intercambio a estudiar inglés, le dije que mi nombre era Lorenzo, un estudiante alemán, el cual venía a conocer la ciudad, ¿qué pensaría si le digo que soy un soldado inglés que participó en la guerra de las Malvinas? ¿Qué pensaría mi padre, si me hubiese escuchado decir que era alemán? Igual lo único que me importaba en ese momento, era compartir con ella ese grandioso momento.
Hablamos un buen rato, se despidió fríamente, y recuerdo sus palabras como si me las hubiese dicho ayer:” Mañana me devuelvo para Argentina” esas palabras calaron en mí como un puñal en el corazón, fue mucho más poderosa ella, que mil soldados que no pudieron contra mí…la perdí, sin haberla tenido en mis brazos.
Al otro día, el mismo ritual de siempre, pero esta vez la acompañé al aeropuerto, en silencio, antes de montarse al avión, le entregué una nota que decía: “Quizá no recuerdes mi nombre, pero nunca nadie te va a amar como yo”, la leyó, se rio y el papel terminó en el piso, roto. Me fui, sintiéndome un argentino más, uno de los tantos derrotados.
Y pensar que a un puñado de compatriotas suyos, los vencí y con ella no pude, me derrotó sin utilizar un arma, sólo su belleza
Ricardo Madrid Builes
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

